En mis mejores momentos llegué a tener, creo recordar, hasta quince personas empleadas al mismo tiempo. Digo al mismo tiempo porque por las tiendas pasaron muchas más.
De las que se fueron no me acuerdo. De estos que quedaron a todos les hacía la misma proposición: "El trabajo es tuyo siempre que seas responsable con el mismo y el negocio marche".
Porque al tener varios centros de trabajo, quieras o no, dejas en manos de personas desconocidas gran parte de la marcha del negocio, pues son ellos quienes están de cara al público. ¿Que yo lo haría de otra manera, mejor o peor? Pues claro, pero tampoco podía multiplicarme tanto.
Lo que quiero decir, a fin de cuentas, es que cuando se habla del paro y los trabajadores, en general suele imponerse la idea de que los empresarios somos (éramos) muy malos y nos aprovechábamos del trabajador, que son todos muy buenos y muy bien formados. ¡¡¡Y un churro!!!
He tenido de todo, desde gente muy buena hasta gente muy, pero que muy mala. La mayoría tenían el prototipo de trabajo "funcionarial". Es decir, bastante hago con abrir la puerta todos los días y estarme en la tienda unas cuantas horas.
Así no había forma de ir adelante. Cuando un trabajador no se siente, ya no responsable de su trabajo, sino involucrado en él, mejor despedirlo pues en caso contrario toda la ilusión y esfuerzo (material, físico y económico) que has puesto en desarrollar un proyecto se te viene abajo rápidamente y sin que te des cuenta. Además, un trabajador así lo ves venir enseguida.
Al contrario, uno diligente te hace esforzarte aún más porque le ves las mismas ganas de ir adelante. Se siente responsable del proyecto y diariamente lo notas. Y al cabo de unas semanas, unos meses, ves que se van superando las primeras dificultades y sale adelante el negocio.
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