Cuando la sociedad que había creado llevaba unos tres meses de vida, se me hizo patente la necesidad de obtener un préstamo bancario o una póliza de crédito ya que para las primeras compras no me llegaba lo que tenía ahorrado para ello.
Así que empecé una ruta por varias entidades financieras para sondear la posibilidad de realizar la operación.
Cuando le exponía la situación, lo normal era encontrar una respuesta negativa o, todo lo más, un pedir balance y cuenta de resultados que, lógicamente, no tenía con solo tres meses de vida societaria.
Sin embargo, un día entré en Cajamadrid, mucho antes de que pasara a ser Bankia. Estoy hablando de un día de otoño del año 2003 a las nueve y media de la mañana aproximadamente.
Al terminar mi exposición, me preguntó el apoderado que si tenía mucha prisa y necesidad de la póliza, a lo que respondí que sí.
El hombre, aturdido y preocupado, me contestó que en ese caso me pasara a final de la mañana que tendría los documentos redactados y firmados por el director para poder pasar a la tarde por notaría y firmar. Estamos hablando de treinta mil euros, cinco millones de pesetas.
Me dejó estupefacto.
Así que firmamos por la tarde y al día siguiente ya tenía el dinero en la cuenta, la cual había abierto el mismo día que pedí la póliza.
Y a trabajar.
Por supuesto, cuando a los pocos meses ví la necesidad de comprar un vehículo industrial, no dudé dónde tenia que pedir financiación.
Efectivamente, y además de la misma forma y al misma cuantía que la operación que he narrado anteriormente. Variando eso sí, que la primera fue una póliza de crédito en cuenta corriente a un año y la segunda operación era un préstamo a cinco años.
Historias
martes, 21 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
Sobre los pensionistas
He tenido ocasión de visitar recientemente a una pareja de pensionistas. Tendrían alrededor de setenta años, más o menos cada uno.
Lo que me mueve a escribir este comentario es la doble injusticia que con ellos se ha hecho y se sigue haciendo en este país nuestro.
La primera es la pensión que reciben. Les suben un poquito cada año, unos tres o cuatro euros mensuales, no sé bien cómo se hace el cálculo, pero es una miseria comparado con lo que han subido los impuestos indirectos, que les afectan directamente. Con lo que les queda difícilmente llegan a pagar todos sus gastos y casi no llegan a final de mes. Además, ahora se les ha quedado parado un hijo y no saben cómo pueden ayudarlo.
La injusticia del sistema actual, piramidal, en que las cotizaciones de hoy pagan las pensiones de hoy. ¿Y si a estas personas, como a tantas otras, en su momento se les hubiera dado a elegir entre este sistema y uno de capitalización? O uno mixto, ya puestos. Pues no, no se les dió opción.
Se les dijo que la pensión estatal sería siempre la más segura.
Y además hay que pagarla quieras o no.
Si con lo que te sobra (si es que hay) te quieres abrir un plan privado, allá tú.
Ahora comprendo que grandes empresas tengan en sus convenios aportaciones a planes de pensiones privados para sus trabajadores.
Lamentablemente, para la pequeña empresa es imposible.
La segunda injusticia tiene que ver con su seguro de decesos (el seguro de los muertos, vaya). Resulta que vienen pagando unos setenta y cinco euros por los dos, desde hace varios años, con sus actualizaciones de importes ya sea por la compañía o, como el pasado año, por el IVA.
Llevan ya dos meses de retraso en el pago y al tercer impagado la compañía aseguradora los da de baja automáticamente.
Entonces echan cuentas y observan que con lo que llevan pagado les hubiera dado ya para unos cuantos entierros. Y se preguntan que, ya que la aseguradora tiene ya pagados los entierros, no podrían hacerles otro tipo más barato. Entienden que un seguro es por si acaso, pero claro, cuando están pasando estrecheces económicas se preguntan si no están tirando un poco el dinero.
Y entonces vuelvo a pensar lo mismo de antes. Si estas personas, ese dinero que han ido pagando a lo largo de los años simplemente lo hubieran ingresado en una cartilla de ahorros, ahora tendrían suficiente para el entierro de los dos y no tendrían que hacer frente mensualmente a un pago que los ahoga. Así que volvemos a la idea de la poca cultura financiera que tenemos, que nos hace pagar varias veces lo mismo y a la poca libertad financiera que en determinados casos nos "ofrece" el Estado.
Lo que me mueve a escribir este comentario es la doble injusticia que con ellos se ha hecho y se sigue haciendo en este país nuestro.
La primera es la pensión que reciben. Les suben un poquito cada año, unos tres o cuatro euros mensuales, no sé bien cómo se hace el cálculo, pero es una miseria comparado con lo que han subido los impuestos indirectos, que les afectan directamente. Con lo que les queda difícilmente llegan a pagar todos sus gastos y casi no llegan a final de mes. Además, ahora se les ha quedado parado un hijo y no saben cómo pueden ayudarlo.
La injusticia del sistema actual, piramidal, en que las cotizaciones de hoy pagan las pensiones de hoy. ¿Y si a estas personas, como a tantas otras, en su momento se les hubiera dado a elegir entre este sistema y uno de capitalización? O uno mixto, ya puestos. Pues no, no se les dió opción.
Se les dijo que la pensión estatal sería siempre la más segura.
Y además hay que pagarla quieras o no.
Si con lo que te sobra (si es que hay) te quieres abrir un plan privado, allá tú.
Ahora comprendo que grandes empresas tengan en sus convenios aportaciones a planes de pensiones privados para sus trabajadores.
Lamentablemente, para la pequeña empresa es imposible.
La segunda injusticia tiene que ver con su seguro de decesos (el seguro de los muertos, vaya). Resulta que vienen pagando unos setenta y cinco euros por los dos, desde hace varios años, con sus actualizaciones de importes ya sea por la compañía o, como el pasado año, por el IVA.
Llevan ya dos meses de retraso en el pago y al tercer impagado la compañía aseguradora los da de baja automáticamente.
Entonces echan cuentas y observan que con lo que llevan pagado les hubiera dado ya para unos cuantos entierros. Y se preguntan que, ya que la aseguradora tiene ya pagados los entierros, no podrían hacerles otro tipo más barato. Entienden que un seguro es por si acaso, pero claro, cuando están pasando estrecheces económicas se preguntan si no están tirando un poco el dinero.
Y entonces vuelvo a pensar lo mismo de antes. Si estas personas, ese dinero que han ido pagando a lo largo de los años simplemente lo hubieran ingresado en una cartilla de ahorros, ahora tendrían suficiente para el entierro de los dos y no tendrían que hacer frente mensualmente a un pago que los ahoga. Así que volvemos a la idea de la poca cultura financiera que tenemos, que nos hace pagar varias veces lo mismo y a la poca libertad financiera que en determinados casos nos "ofrece" el Estado.
jueves, 2 de mayo de 2013
Somos personas
Somos conscientes de que el pobre no es tanto quien no tiene dinero, sino también quien está obligado a pedir ayuda porque está invalido o no es autosuficiente en un momento de necesidad.
Pensad en todos aquéllos que en nuestro entorno se encuentran en la condición de depender de los demás: en la familia, en el trabajo, en el vecindario.
Algunas veces bastará una sonrisa, un saludo de buenos días no dicho mecánicamente sino con el deseo de acoger al otro.
Un simple gesto de respeto puede ser el primer paso hacia el encuentro, el intercambio y el diálogo con el otro, hacia una serie de relaciones genuinamente humanas.
Una acción concreta en las pequeñas cosas cotidianas y con las personas cercanas puede constituir una revolución silenciosa que debe iniciarse, antes que nada, dentro de nosotros.
Un simple gesto de respeto puede ser el primer paso hacia el encuentro, el intercambio y el diálogo con el otro, hacia una serie de relaciones genuinamente humanas.
Una acción concreta en las pequeñas cosas cotidianas y con las personas cercanas puede constituir una revolución silenciosa que debe iniciarse, antes que nada, dentro de nosotros.
Piero Nuzzo
Hablando de empleados
En mis mejores momentos llegué a tener, creo recordar, hasta quince personas empleadas al mismo tiempo. Digo al mismo tiempo porque por las tiendas pasaron muchas más.
De las que se fueron no me acuerdo. De estos que quedaron a todos les hacía la misma proposición: "El trabajo es tuyo siempre que seas responsable con el mismo y el negocio marche".
Porque al tener varios centros de trabajo, quieras o no, dejas en manos de personas desconocidas gran parte de la marcha del negocio, pues son ellos quienes están de cara al público. ¿Que yo lo haría de otra manera, mejor o peor? Pues claro, pero tampoco podía multiplicarme tanto.
Lo que quiero decir, a fin de cuentas, es que cuando se habla del paro y los trabajadores, en general suele imponerse la idea de que los empresarios somos (éramos) muy malos y nos aprovechábamos del trabajador, que son todos muy buenos y muy bien formados. ¡¡¡Y un churro!!!
He tenido de todo, desde gente muy buena hasta gente muy, pero que muy mala. La mayoría tenían el prototipo de trabajo "funcionarial". Es decir, bastante hago con abrir la puerta todos los días y estarme en la tienda unas cuantas horas.
Así no había forma de ir adelante. Cuando un trabajador no se siente, ya no responsable de su trabajo, sino involucrado en él, mejor despedirlo pues en caso contrario toda la ilusión y esfuerzo (material, físico y económico) que has puesto en desarrollar un proyecto se te viene abajo rápidamente y sin que te des cuenta. Además, un trabajador así lo ves venir enseguida.
Al contrario, uno diligente te hace esforzarte aún más porque le ves las mismas ganas de ir adelante. Se siente responsable del proyecto y diariamente lo notas. Y al cabo de unas semanas, unos meses, ves que se van superando las primeras dificultades y sale adelante el negocio.
De las que se fueron no me acuerdo. De estos que quedaron a todos les hacía la misma proposición: "El trabajo es tuyo siempre que seas responsable con el mismo y el negocio marche".
Porque al tener varios centros de trabajo, quieras o no, dejas en manos de personas desconocidas gran parte de la marcha del negocio, pues son ellos quienes están de cara al público. ¿Que yo lo haría de otra manera, mejor o peor? Pues claro, pero tampoco podía multiplicarme tanto.
Lo que quiero decir, a fin de cuentas, es que cuando se habla del paro y los trabajadores, en general suele imponerse la idea de que los empresarios somos (éramos) muy malos y nos aprovechábamos del trabajador, que son todos muy buenos y muy bien formados. ¡¡¡Y un churro!!!
He tenido de todo, desde gente muy buena hasta gente muy, pero que muy mala. La mayoría tenían el prototipo de trabajo "funcionarial". Es decir, bastante hago con abrir la puerta todos los días y estarme en la tienda unas cuantas horas.
Así no había forma de ir adelante. Cuando un trabajador no se siente, ya no responsable de su trabajo, sino involucrado en él, mejor despedirlo pues en caso contrario toda la ilusión y esfuerzo (material, físico y económico) que has puesto en desarrollar un proyecto se te viene abajo rápidamente y sin que te des cuenta. Además, un trabajador así lo ves venir enseguida.
Al contrario, uno diligente te hace esforzarte aún más porque le ves las mismas ganas de ir adelante. Se siente responsable del proyecto y diariamente lo notas. Y al cabo de unas semanas, unos meses, ves que se van superando las primeras dificultades y sale adelante el negocio.
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