El peor momento llega, inexorablemente, el día que tienes que abandonar la casa, la casa física, pues la de verdad es donde está cada uno con los suyos.
Afortunadamente, vista la situación aquélla unos años después, veo que no salí tan mal parado, ya que hice una dación en pago al banco donde tenía la hipoteca de la casa, y fue por el precio de tasación, con lo cual me quedé libre de cargas, al menos con esa entidad.
Es imposible narrar en unas pocas palabras las sensaciones y emociones que me embargaban en aquel momento. Me siento también afortunado por haber vivido todo el proceso, desde que se vió que la empresa era inviable hasta el momento de dejar la vivienda, con mi querida mujer, apoyo y guía indispensable sin la cual no hubiera podido afrontar en condiciones dignas todos esos días.
Empaquetar los juguetes y las cosas de los niños chiquitos fue lo más complicado, pues los estábamos arrancando del lugar donde se estaban criando; sus camas, sus estanterías, sus libros, los juguetes, y tantas otras cosas que además, con el lío de la mudanza estaban tiradas por el suelo y el alma se caía también allí. Al final, cargamos en el coche las últimas cajas que no cabían en el camión de la mudanza y los dos juntos, llorando como sólo pueden llorar aquéllos a los que se les ha terminado la vida, cerramos la puerta y con ella se cerró aquella aventura que habíamos comenzado unos años antes con toda la ilusión del mundo, poniendo e hipotecando hasta el último euro y todas las fuerzas que teníamos.
Ese día ya dormimos en el nuevo lugar. Una antigua nave abandonada en un polígono industrial propiedad de unos familiares, que tenían unas oficinas en regular estado pero que acondicionamos como pudimos para pasar allí al menos unos años. Al menos estaban cercanas a la vivienda de los abuelos maternos de los niños, y podrían acercarse andando cuando quisieran.
Antes de acostarnos, un beso y un abrazo nos dimos unos con otros, y esa era la fuerza que necesitábamos para al día siguiente enfrentarnos al mundo, a la vida diaria. Esa es la casa, donde estén los míos. Al menos, se me hacía más llevadero el cartel "fracasado" que llevaba escrito en la frente.
No dejes de escribir me sirve de ayuda moral.....
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