Era un jueves por la tarde, lo recuerdo porque siempre íbamos a firmar en notaría ese día, ya que los viernes por la tarde no trabajaban. Hacía un día magnífico de primavera. Iba con mi mujer y más que firmar, nos hubiera gustado darnos un paseo por la ciudad, tranquilos y charlando.
Pero cuando estás de autónomo, y más en aquellos años locos, hay momentos de la vida que pierdes sin remedio, buscando un futuro, un sueño que intentas conseguir con mucho esfuerzo y muchas renuncias.
Así estábamos esa tarde en que salíamos de firmar una nueva refinanciación de algún préstamo en algún banco o caja con las que trabajábamos.
Y ves que del préstamo además, todos (banco, notaría, gestoría del banco, registrador, hacienda ....) se llevan una parte que te quitan a tí.
Ese día, además, estaba cansadísimo pues nos había llegado un envío de unos 20 palets de mercancía y eso, para abrir tanto paquete, clasificarlo y repartirlo uno mismo pues que quieres que te diga, agota y mucho. Y después de la firma tenía que ir a una de las tiendas hasta la hora del cierre (las 22:00) ya que la empleada que cubría ese turno se tenía que ir antes no recuerdo porqué, aunque de todas formas no era raro que me quedase hasta esas horas.
Ya intuíamos que el negocio que llevábamos no iría a buen puerto. Porque no se puede trabajar de esa manera, acumulando deuda para pagar deuda anterior. Si el negocio no da, mejor es ir cerrando paulatinamente, paso a paso, dejando cerrados cuantos más asuntos mejor, pero lo que no tiene sentido es tirar adelante de esa forma, pues lo que haces es alargar la agonía. Pero claro, ¿Cual es la alternativa? Los niños comen diariamente.
Ese era nuestro pensamiento interior en aquellos momentos.
Así que cuando salimos de la notaría nos encaminamos hacia el ascensor para bajar y salir a la calle. Esperando también había una señora que, por la edad, ya debería estar jubilada.
No he dicho que el edificio donde se situaba la notaría es uno de los de lujo de mi ciudad. Pensábamos que estaba destinado solo a oficinas de grandes empresas de la ciudad, sucursales de otras empresas más grandes del país y notarios, abogados, etc.... ese nivel.
Pues no, estábamos equivocados. Allí también había pisos de gente. Esta señora del ascensor era una de sus habitantes.
Empezamos a hablar mientras la espera y luego en el posterior viajecito hacia la planta baja. Resulta que sí, que estaba jubilada, y recibía una de las pensiones máximas del estado. También que tenía rentas de pisos y fincas rústicas que tenía alquiladas.
Ahora se encontraba algo enferma, por tanto, se dirigía a la estación del tren para tomar un AVE a Madrid, pues esa noche dormía allí y al día siguiente tenía cita con un doctor "de la capital" nos dijo, uno muy bueno. Privado, claro.
Pero lo que me desmoralizó completamente fue que, estando yo harto de trabajar, me dijo que por ser jubilada ¡¡¡el estado le pagaba no sé si la mitad o más de su viaje en AVE!!!
Salí del ascensor preguntándome cómo era posible. Y es que los autónomos estábamos y están muy machacados por todos lados.
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